miércoles, 16 de abril de 2008

Vestidos para la utopía

Hay un aspecto fascinante de las materializaciones utópicas y es la uniformidad, que traduce un proyecto histórico. La verdadera revolución silencia el yo, cuando no lo aplasta, borra las identidades y es antiindividual. Por otro lado, en una sociedad perfecta no habría lugar para la distinción, tan ligada a la división de clases. La conclusión de la historia trae consigo la abolición de la moda. Todo será igual en adelante, inamovible en términos históricos. Veblen ya observó que el atavío era el mejor indicador de la situación económica, y no alcanzar la norma fijada por el uso social es la mayor sensación de mezquindad. La ropa demuestra que se vive de acuerdo a los niveles acreditados de gasto y prestigio, y las modas predican la reputación de una prenda más que el servicio mecánico que puedan ofrecer. La ropa limpia nos pone a salvo de ser incluidos entre los que desempeñan tareas industriales. Vestir como ociosos para que nos cuenten entre ellos.

Siempre me ha gustado el mono de Rodchenko, diseñado por Varvara Stepanova. Presta un aire metálico y futurista a su portador, antisubjetivo, conciliando las facetas técnicas con el fragor industrial. Si la historia se entiende como el camino de la humanidad en pos de la sociedad perfecta tendremos que estar de acuerdo en que dichas condiciones de perfección abolirían los distingos vestuarios. Todo el mundo vestiría igual porque habrían dejado de existir las contiendas de clase. Mucho peor es la actual uniformización de conciencias de hoy y nadie se escandaliza por ello, antes bien las revistas de tendencias celebran las marcas normativas de la tribu, la presunta libertad personal expresada dentro de la masa anónima. Los complementos baratos de inditex alimentan un yo inofensivo.

No podía ser de otra forma que el experimento soviético se inspirara en la categoría prometeica del trabajador y en lo menestral como forma distintiva de la ropa por venir. Balizas y herramientas como cayados del profeta moderno. El proletkult instauró sus propias formas estéticas, malversadas más tarde en un clasicismo de circunstancias. Aquí, el look obrerista atrajo a los poetas de la derecha, que se adornaron de azul mahón, y los intelectuales de izquierda se embutieron en monos de miliciano, aunque un poco por estética y sin coraje verdadero, como toda devoción burguesa por lo revolucionario. Esta inspiración no estaba lejos de compartir las motivaciones del dandysmo, esa doliente resistencia más estoica que lánguida, con sus propias rigurosas gimnasias y que desconfía de lo que ha de venir desde una menguante frontera aristocrática. El prêt-à-porter ha erosionado la singularidad despreciativa de la sastrería opulenta, pero el uniforme menestral mira en cambio al futuro sin pesimismo.

Dicho futuro vestirá de uniforme y la ficción anticipatoria lo ha entendido bien, desde el correcto vestuario de ejecutivos en la distopía genética de Gattaca al futurista pijama de los varones sujetos a una temprana caducidad en La fuga de Logan. En repúblicas elegantes como la de Corea del Norte los hombres visten el dat gin yang bok, un austero traje abotonado hasta el cuello. La denuncia de estos regímenes también ha inspirado el vestuario de la ópera 1984 Lorin Maazel, basada en la obra homónima de Orwell, con el atrezzo de Winston Smith diseñado por Yasmina Giguère.

El mono de Rodchenko respondía al clima general de su época, con el culto a la máquina y el entusiasmo por las formas industriales, y daba primacía a las geometría sobre las formas corporales. El propio Léger rindió culto a la máquina y sus figuras humanas son una adición de formas geométricas. La moda constructivista, futurológica y tecnológica, hacía de los hombres figurines de un ballet maquínico. La utopía conllevaba el espectáculo de la coreografía de masas en sus urbes perfectas.
Hoy nada queda de los proyectos utópicos, y no digamos ya de la moda funcional para mayorías sino como look trillado para ciertos combos musicales techno. Para triturar mi idealismo, no han faltado amigas –las mujeres siempre tan prácticas–­ que me recordaran las dificultades que representa un mono a la hora de hacer pis. Pero ese mono, un hábito para la sobrehumanización, es súperelegante.

Tendríamos que estar de acuerdo con Jerry Seinfeld: «Si se piensa en la cantidad de tiempo que lleva elegir ropa, no cuesta mucho concluir que todos deberíamos vestirnos igual. Eso, en definitiva, es lo que va a suceder a la larga: fíjense que en todas las películas y programas de televisión que transcurren en el futuro, o en otro planeta, todos están vestidos igual. Calculo que en algún momento alguien deberá tomar la decisión: Bien, todos ustedes, de aquí en adelante: pantalones plateados y remera con escote en V gris, porque vamos a visitar otros planetas y queremos parecer un equipo».

12 comentarios:

ernesto dijo...

Lissitsky era un poco mariquita.

Anonymous dijo...

Del citado mono existe una reproducción en el Victoria & Albert Museum (http://www.vam.ac.uk/)de Londres. El texto del catálogo dice:

"Some male architects thought that the traditional tailored suit, particularly the English suit, expressed the very principles of simplicity, standardisation and lack of ornament that also applied to contemporary architecture. (...) There was, however, a category of dress that evoked the idea of the factory and identified the wearer as a worker or technocrat. It was
based on either the technician’s jacket or, more commonly, the boiler suit or overall."

Stepanova también diseñó ropa para mujeres basada en modelos funcionales y cómodos que, debido a la escasez en la URSS de entonces, nunca llegaron a producirse industrialmente:

http://faculty-web.at.northwestern.edu/slavic/theater/stepanova-26.jpg
http://themeasurestaken.blogspot.com/2007/08/whither-communist-couture.html

No cabe descartar que algún iluminado en nómina de un Zaramango cualquiera decida hacer del mono, tendencia. Crucemos los dedos, aunque no creo necesario recordar a los lectores de este el destino sufrido por la estética punk en su conjunto o el keffiyeh de Arafat: de los fedayines del FPLP al indie-pijo con iPod y pitillos. ¿A alguien le extraña que los musulmanes nos odien?

Millana dijo...

Cuando concluya la historia la cosa será muy aburrida. Aunque eso no me preocupa ya que mi clon sería por supuesto clase dirigente y podría elegir el uniforme mas favorecedor para mi fisiotipo, nada parecido al mono de rodchenko que hace anchas las caderas como los pantalones de montar y además de que ese cuello redondo no sienta bien a todo el mundo.
La cosa futurista, el rollo makineto no lo veo bonito, apuesto por las formas orgánicas y fluidas, las vaporosas también, apuesto por la túnica de tejido camaleónico, tecnológico y micro perforado, con multitud de corchetes invisibles para que lo puedas plegar y customizar a tu gusto y se consiga sutilmente la ilusión de individualidad y poder sobre la materia.
También me ha gustado de siempre el uniforme de conejita de playboy, el de los 50 y 60, con las medias negras y el corpiño de palabra de honor, y lo digo en serio, siempre quise tener una cosa de esas aunque no se para qué.
También me gusta los trajes de los butaneses, que felices son y eso que todos en Bután van uniformados aunque pueden elegir el color y el estampado de las telas. Los hombres llevan una especie de batín cruzado que les llega como mucho hasta la rodilla, precioso, las mujeres cubren mas sus piernas pero también van guapas a rabiar.

Violetera dijo...

Qué casualidad. Hoy mismo he pensado en escribir sobre uniformes (aunque no importa, porque terminaré escribiendo nada, voz anglosajona, como siempre). Y es que he visto a unas peruanitas cerca de casa con la misma falda color menetra abuelil que yo llevaba en el colegio.

¿Abolir la moda para instaurar el uniforme interestelar? No sé. Por una parte la moda es en realidad el uniforme más uniforme (adjetivo) que existe en el mundo de los unifórmenes (sustantivo y ya van tres). Si la moda no existiera no habría tantas crisis identitarias, o éstas se resolverían de un modo menos patético que el vigente, basado en crear tribus urbanas sin ideales pero con estética propia, en esa gran mentira del "way of life".

Pero por otra parte está el ponzoñoso tema de la elección. Un día fui a un restaurante japonés en el que una cinta transportadora iba pasando el sushi a lo largo de todas las mesas, obligando al cliente a elegir con rapidez, antes de que otra zarpa se abalanzase sobre el sashimi o antes de que desapareciera de nuestras posibilidades de alcance. Mi acompañante y yo huimos despavoridos. La elección agobia y trae el conflicto.

A riesgo de parecer Jorge Bucay o algún otro suministrador de filosofía barata, diré que de la elección surge el conflicto y del conflicto el arte (la moda también lo es) y por supuesto la libertad. Una sociedad perfecta no puede ser libre, como ilustra perfectamente esa frase manida de 'mi libertad empieza donde acaba la del otro'. No habría moda, no habría arte, no habría elección, no habría conflicto. ¿Merece la pena sacrificar tanto por la perfección? Yo creo que no, así que seguiré fiel a la variedad de Zara y vistiendo igual que el 90% de la población femenina. Al menos así me quedará un 10% de materia gris para pensar.

P.D.: este blog me pone y cada vez más. ¡Menudo descubrimiento, chiqui!

Anonymous dijo...

Siendo prácticos hay que admitir que un uniforme (si es que no vamos ya uniformados, que eso habría que verlo) nos ahorraría muchos quebraderos de cabeza. Pero aún así, sigo disfrutando con ese momento único de abrir el armario y no tener nada que ponerme, buena excusa para comprar más ropa igual que la del resto. Como curiosidad, me has hecho recordar que en la fuga de Logan son sólo los hombres los que llevan este uniforme esquijama tan poco favorecedor (por más que Michael York pasara por un sex-symbol en sus tiempos) mientras que las mujeres llevan esas graciosas tuniquillas que dejan al descubierto hombros y muslitos. Uniformadas, pero eso sí, luciendo pierna. He de decir que prefiero la tuniquilla.

Anonymous dijo...

Apunte a lo anterior: sólo vestían uniforme los guardianes de La Fuga de Logan. Los demás vestían horriblemente disco.

Amfortas dijo...

La moda es estratificación social y distinción del vulgo. A Veblen aún no se le ha desmentido. Lo que me resulta muy curiosa, es la aceptación universal del Pantalón Vaquero o Jeans, como uniforme universal de lo informal, y cómo un tejido vasto y tan sufrido ha sido adoptado como uniforme oficial y hasta por grandes diseñadores.

Clovis dijo...

Anónimo:
En algunos outlets militares he visto monos de aviador de la RDA. Mis dimensiones físicas -soy más bien magro de carnes- no estaban a la altura de mi ostalgie, y me quedé con las ganas. Pero sigo buscando algún mono que no me haga parecer un palurdo del medio oeste a lo top gun.

Millana:
Está muy bien razonado tu comentario. Creo que tendrías un aspecto divertido con el overall de Rodchi, y serías con él la perfecta Heroína del Trabajo en una comedia buffa suprematista, con resplandores cereales en las mejillas. Espero que esto no contradiga las buenas ideas que siempre tienes sobre ti misma y esa ropa ideal que nunca te atreves a portar.

Anónimos #2 y #3:
Tengo que videar de nuevo La fuga de Logan, de momento admiro su memoria y agradezco su corrección. Que vamos uniformados no hace falta decirlo, basta con asomarse a la calle. La peor uniformidad de todas es la mental.

Amfortas:
Yo estoy con Coco Chanel, me gusta que la moda baje a la calle, no que venga de allí. Ahora los nuevos árbitros de la elegancia son futbolistas y empresarios macarras del Este que han instaurado formas estéticas penosas. Ese penacho de oro en el pecho vulnera la convención de Ginebra. Yo soy fan de los Levi´s y el mismo Armani ha defendido la elegancia de los jeans. Ya lo dice Giorgio, lo más bello es ser real e independiente. Casi un porgrama político.

Anonymous dijo...

Espero que este post tenga continuidad y dediquéis una entrada a quienes, de no ser por espurios motivos políticos, sin duda serían nombrados los hombres más elegantes sobre el planeta: los políticos iraníes. Una nación de cuidadas barbas y trajes grises que ha prohibido, por ley, ahí queda eso, la corbata (¿quién dijo que un nudo estrangulando el cuello era un símbolo fálico?) y llevar de manga corta. Me da igual lo que digan (y más allá del análisis político), Ahmadineyad mola.

Millana dijo...

Di que si, Ahmadineyad mola. También el look afgano, Karzai es un hombre tan bello y elegante como Paul Weller. Me empiezan a gustar los hombres en tunica, con faldas, batines incluso con kilt.
Estoy aburrida de bajar incómodas cremalleras y desabotonar pantalones para encontrarme con un estúpido y ceñido slip. Sueltense señores.

clovis dijo...

Tengo dicho que Muhammad Jatami es el líder político más elegante de ahora mismo. Lo de las barbas le delata...

Hikikomori dijo...

Hola,¿me podéis facilitar un mail de contacto?

Gracias!

(Podéis dejarlo en mi blog, bajo moderación.)