
Ahora que el desánimo y el derrotismo atraviesan las decaídas facciones del progresismo, ahora que una congoja pequeñoburguesa invade a la cariacontecida izquierda, ahora que los defeccionados burócratas de antaño se entregan al chovinismo de los renegados socialdemócratas, hay todavía espacios para la ruptura, para la contestación revolucionaria, hay damas que recogen el testigo de los históricos ovarios en armas y se perfilan como sucesoras de Louise Michel, Rosa Luxemburgo o Tamara Bunke. Está pasando ahora, delante de nuestras narices, no hay que irse a Cuba o al cinturón industrial de Barcelona, sucede en el vientre mineral de Europa y su voz se oye en el acartonado parlamento europeo. Se llama Sahra Wagenknecht, hija histórica de Karl Liebknecht, sus estrógenos están teñidos de rojo y queremos un lugar en la trinchera, a su lado, siempre a la verita suya. Las guapas sin domesticar lo son más, y Sahra pertenece ya al motín.
En los últimos días ha sido la comidilla de la prensa por defender a Hugo Chávez, que ha comparado a la cancilleresa Angela Merkel con Adolf Hitler. Por supuesto la prensa seria (es decir, derechista) se ha echado encima de la bella Sahra, némesis de la Merkel, que anda pletórica exhibiendo esplendor de mamas en la ópera de Oslo. Quizá hay un punto de conexión entre las caderas feminoides del Führer y el experimentado look masculino de Angela, quien fue militante de las Juventudes Comunistas de la RDA y hoy jefa de la derecha alemana, es decir, una trepa desde la cuna, que ha apoyado campañas racistas en Renania y que no tuvo tantos escrúpulos democráticos al defender a Jörg Haider, famoso por su devoción filonazi.
La prensa educada está nerviosa, Sahra es como el acero de Stalingrado, y la tilda peyorativamente de estalinista mientras ella maneja sin despeinarse el vocabulario heroico de la vieja guardia roja. En su web hay armas dialécticas para enfrentarse al capitalismo y es una carismática vestal de Die Linke, un partido surgido de la unión entre el PDS (heredero del SED germano–oriental) y la WASG (el ala izquierda de la socialdemocracia alemana), que está en alza y es referente de la izquierda continental, lejos de terceras vías apestosas.
Sahra no tiene problemas en airear su ostalgie, la nostalgia de la RDA, donde nació en 1969 (se afilió al SED de Honecker en 1985), recita de memoria a Marx y a Goethe y tiene redaños para decir que la reunificación alemana fue el «núcleo de la contrarrevolución». Su mirada marcial custodia el vintage estalinista, y ha quitado el polvo a las viejas arengas, a la pedagogía roja. Su modelo político es la RDA de las décadas de los 60 y 70 y habla de socialismo y lucha de clases con desenvoltura. Su nombre es peligro y la Verfassungsschutz (la Oficina Federal para la protección de la Constitución) la tiene bajo vigilancia. En sus ojos de arrebatada impiedad roja se sublevan los parias de la tierra. Ha pedido nuestro voto para hacer de su partido el de Rosa Luxemburgo. Nuestro corazón ya lo tiene.
lunes 26 de mayo de 2008
Achtung! Sahra Wagenknecht!
jueves 22 de mayo de 2008
Agresión a la cocina tecno-emocional
En MILDRED somos adictos al pesimismo venenoso y nos lo estamos pasando pipa con el último pseudo-debate de las artes. Decía con razón Luis Miguel Dominguín que en este país no se puede hablar bien de los vivos ni mal de los muertos, si a esto añadimos el bien arraigado deporte nacional del cainismo no habrá de extrañarnos esta reyerta de restauradores divos. Uno de las primeras denuncias vino del desabrido iberismo de Sánchez Dragó, que manifestó su hartazgo de las “gilipolleces” de Ferran Adrià, equiparando su restaurante, El Bulli, con la casa de Lúculo en Roma. El propio Julio Camba previno en su tratado gastronómico contra la manía de disimular los alimentos bajo aparatosos adornos, aliños o salsas, costumbre que surgió en la Roma decadente y que quizá caracterice la cocina de escaparate de nuestro contemporáneo zeitgeist. Estamos de acuerdo con Nietzsche cuando relaciona la dieta con el estado espiritual de una nación, y nos ponemos de lado de la gastrosofía, esa semiabandonada filosofía de la alimentación que privilegia la moral por encima del paladar de gourmands ingobernables o de gourmets apacibles. Este espectáculo de las cocinas nos parece lamentable y acredita la verdad de que somos lo que comemos, el agilipollamiento social tiene su traducción en estas tonterías que discurren por el tracto digestivo de la burguesía, etiquetadas como Alta Restauración.
El último en proclamar que el rey va desnudo ha sido Santi Santamaría, que se ha despachado a gusto contra Ferran Adriá y sus secuaces, acusándolos de atiborrar sus platos de gelificantes y emulsionantes nocivos para la salud. «Hay que soportar a cocineros pretenciosos que dan de comer a sus clientes platos que ni ellos mismos comerían y que sirven comidas que nuestros padres nunca se hubieran atrevido a poner en un plato». Y añade: «los cocineros somos, y me incluyo, una pandilla de farsantes que trabajamos por la puta pela, estamos para alimentar y distraer a los ricos y a los snobs y luego hacemos calendarios solidarios», ha dicho Santamaría, a quien aplaudimos aquí con entusiasmo. Sólo los más grandes pueden ciscarse en el público que los mantiene, poniendo al descubierto el indisimulado tufo de corporativismo que alienta a los más importantes cocineros españoles, ese circo itinerante que deslumbra al mundo y que en número de 500 ha suscrito un comunicado en defensa de Adriá. Dicen que Santamaría «no sólo perjudica al colectivo de cocineros sino que deteriora el prestigio que el país ha conseguido en su conjunto a nivel mundial gracias, entre otras cosas, a la cocina y a los cocineros.» Se trata de una cuestión de honor que nos atañe, una afrenta nacional, ese escudete en el que la burguesía cobija su interés por el lucro personal. Añaden que «enfrentar la cocina tradicional a la moderna, sea tecno-emocional, sea del estilo que sea, es ya por principio, y una vez más, tener ganas de protagonismo». ¡Está claro que redactan peor que cocinan! A Santamaría, que alerta contra un problema de salud público por el uso de la metilcelulosa, se le desposee también de la educación y el respeto.
Ferran Adrià tiene su propia entrada en la wikipedia, un apellido con acento inclinado a la izquierda que es vitola de catalanidad y un talento que algunos equiparan al genio daliniano. Se ha dicho que es el mejor cocinero del mundo. La gente sencilla siente ante sus creaciones un estupor similar a aquel que experimenta en las pinacotecas modernas. ¿Estafa, tontería, genialidad, arte?
Arriba lo tienen con esa expresión de genio meditabundo, ese ademán avantgarde, esas perneras que caen en elegante forma de acordeón, como palpándose un ganglio a la espera de que las musas le inspiren un nuevo vanguardismo gastronómico. Él, y sólo él, ha adaptado genialmente a algo tan prosaico como la cocina un prestigioso término de la filosofía francesa, la “deconstrucción”. Toma ya. Según la wikipedia, y vayan abrochándose los cinturones, «la deconstrucción es la generalización por parte del filósofo postestructuralista francés Jacques Derrida del método implícito en los análisis del pensador alemán Martin Heidegger, fundamentalmente en sus análisis etimológicos de la historia de la filosofía. Consiste en mostrar cómo se ha construido un concepto cualquiera a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas (de ahí el nombre de deconstrucción), mostrando que lo claro y evidente dista de serlo, puesto que los útiles de la conciencia en que lo verdadero en-sí ha de darse son históricos, relativos y sometidos a las paradojas de las figuras retóricas de la metáfora y la metonimia.» Para Adrià no es sino un proceso consistente en aislar los diversos ingredientes de un plato, generalmente típico, y reconstruirlo de manera inusual, de tal modo que el aspecto y textura sean completamente diferentes mientras que el sabor permanece inalterado. La afectación de la nomenclatura es marchamo de distinción intelectual, Deleuze y Derrida estarían de acuerdo conmigo.

Aún recuerdo la primera vez que supe, gracias a la televisión, de la existencia de este genio inigualable: batidora en ristre, emulsionaba zumo de zanahoria en la parte superior con objeto de obtener una espumilla que tomaba primorosamente de la superficie con una cuchara para incorporarlo a otro plato. El proceso tenía como resultado el “aire de zanahoria”. Se podía hablar de TV interactiva: él maniobraba al otro lado de la pantalla y yo blasefemaba a este lado de la misma con frenesí. El empleo de alginatos, gelificantes y nitrógeno líquido son marcas distintivas de su cocina. Se nos dice también que el humor y la broma tienen su papel. ¿Quién no se relame con la sola idea de degustar maravillas como la arlette ibérica, la air-baguette de harina de malta con caramelo de canela caramelizada, el crunchy de quinoa a la almendra amarga, yogur y saúco, el áspic caliente de nécoras con cous-cous de minimazorcas o las espardenyes empanadas con esponja de coco y aceite ahumado? Un mundo de exóticas reminiscencias humecta nuestros paladares, estos manjares son el modernismo de nuestra década gris, versos que tienen la mesa y no el papel por soporte. Surgen cocineros en su estela que –¡atención!–, «analizan la estructura molecular de los ingredientes con un espectrómetro de infrarrojos de resonancia magnética atómica»; el nitrógeno líquido se incorpora al recetario de esta nueva Jerusalén alimenticia que es la gastronomía molecular. No está lejos el día que los desperdicios de las mejores cocinas tengan el tratamiento de residuos nucleares y que haya una escafandra para los postres como hay un cuchillo para el pescado.

Adrià, genio multidisciplinar, ha sido incluso invitado a la Documenta de Kassel, uno de esos saraos artístico-capitalistas para élites cultivadas en los que se reparten cerificados de posteridad. Allí Ferran se negó a cocinar alegando que «la cocina no es museable, es una disciplina artística que necesita su propio escenario», una sensata postura que ha sido (mal)interpretada por detractores aviesos –no sabemos por qué– como una tomadura de pelo monumental al resto de artistas que sí exhiben su obra. Es la “instalación” total, la performance que sirve de colofón a todo el arte contemporáneo: la obra sin obra. Nadie puede a estas alturas cuestionar los planteamientos avantgarde de Ferran, la necesidad dialéctica de la cocina tecno-emocional.
Quizá Adrià haya sintonizado muy primordialmente con la aversión de las castas superiores hacia el naturalismo, esa realidad siempre cambiante que cualquier día puede dar al traste con su fortuna, y esas metamorfosis gelatinosas tengan como finalidad específica hacer desaparecer la naturaleza ahormándola en tranquilizadoras formas geométricas, haciendo la anécdota sustantiva.
Desde MILDRED lanzamos una idea para la cocina avantgarde: sugerimos la radiación ionizante de alimentos, tal como se hace con la comida de astronautas. El isótopo debe incorporarse de inmediato a la alta restauración. Quizá los pioneros en estas reconstrucciones fueron los soviéticos en el empeño de alimentar a sus cosmonautas con esos tubos semejantes a los de pasta dentífrica. Mientras la ciencia se esfuerza en que la comida del espacio se parezca a la terrícola, aquí abajo la comida ha dejado de parecerse a sí misma. Claro que los grandes chefs de la dieta espacial también reciben premios, disfruten de la atmósfera comunistoide del acontecimiento:
viernes 9 de mayo de 2008
Quiero ser como Nick Bollettieri
En los últimos tiempos he detectado cierto declive en la faceta recreativa del tenis femenino, copado ahora por satinadas estrellas del Sports Illustrated con brazos de virago e interminables piernas –las menudas y sobreataviadas demoiselles en la estela de Maud Watson se cuentan en el amateurismo del pasado y no sirven para la actual pasarela de cuerpos–, quizá porque la violencia deportiva masculina es más vistosa siempre que el ejercicio femenino que la replica. Se desvanece, en un pasado lejano, el apogeo del desquiciado lesbianismo épico de Navratilova contendiendo con la exquisitez femenina de Christ Evert, la niña perfecta de dulces maneras. Las raquetas de aluminio desplazaban a las de madera y la fuerza y la potencia erradicaron la imaginación artística del juego. Luego vendrían los cañonazos prusianos de Steffi Graf, que se harían acompañar de bostezos en las gradas. Entonces irrumpieron en el circuito el refrescante Agassi, con sus bermudas de jeans, y el antiortodoxo golpe a dos manos de Seles, acompañado de bestiales gemidos. Ambos habían salido de la academia de tenis de Nick Bollettieri, el instructor de tenis más grande de todos los tiempos, alguien que demuestra que, si no sabes hacerlo, dedícate a enseñarlo. Su filosofía se resume en estas palabras: «Pégale todo lo duro y pesado que puedas». Esta amonestación no la escuchan púgiles rocosos, sino las dotadas lolitas de Bradenton.
Y es que sólo en los USA los hacen así, allí perdura ese espíritu aventurero de los buscadores de oro que pelean bajo un sol que castiga sus lomos, y es que el azote solar siempre acompaña las artes pacientes como la agraria, hecha de esperas y de siembra, no muy distinta de la que ejerce este pigmalión moderno. Nabokov supo ver el encanto de la cultura pop americana antes que Warhol, y Humbert Humbert quedó deslumbrado por los campamentos americanos para chicas. Porque Nick ha entendido el signo de los tiempos y va mucho más lejos que los adustos instructores de tenis de la vieja escuela académica, que le desprecian. Tiene detrás un pasado de paracaidista destinado en los dorados 50 en Asia, cuando los soldados se afeitaban con sus bayonetas y escribían cartas a sus novias, replicando la aspereza de Errol Flynn de Objetivo: Birmania. Porque Nick no ha descuidado su formación humanista y es graduado en filosofía. Porque Nick es un tipo divertido que abandonó sus tediosos estudios de derecho en Miami para dedicarse a la enseñanza del tenis: mediocre jugador, aplicó sus conocimientos a la forja de estrellas. Alguien del staff de su academia habla así: «Les enseñamos a los chicos no sólo tenis, sino también cómo relacionarse con la prensa, cómo vestirse, cómo estar ante la televisión y es esto algo que muchos no saben. Una estrella del tenis es aquel que trasciende más allá de los logros deportivos y es reconocido por aquellos que no son del mundo del tenis. El tenis de hoy necesita más estrellas porque eso hace crecer al deporte». La nueva fábrica de los sueños tiene forma de pistas verdes horneadas en Manatee County.
Bollettieri nació en el estado de Nueva York y desde muy joven se sintió atraído por los deportes, siendo el tenis su verdadera pasión. A mediados de los 70 lo encontramos en un resort hotelero, propiedad de Rockefeller, en Puerto Rico, ejerciendo de cansadazas incombustible junto a la arena caribeña. Se traslada después a California. En 1978, y con un millón de dólares prestado, construye unas pistas, adecenta un motel para alojar a sus pupilos y abre su academia de tenis en Florida, cuarenta acres para educar talentos. Brian Gottfried y Sheryl Smith fueron sus primeros pupilos, ahí es nada. Desde entonces, la factoría de este talent hunter, conocida como Alcatraz, ha dado al mundo un formidable elenco de estrellas: Agassi, Jim Courier, Seles, Sharapova, Sampras, Kournikova, las hermanas Williams, Mary Pierce… Ni Elite Model Management puede presumir de esponsorizar tantas guapas mundiales. Claro que Nick no ha tenido empacho en regañar a sus discípulas como responsable educador que es: a Mary Pierce la llamó gorda, y afeó las palabras de Kournikova al final de un partido en que llamó puta a una rival. Él ha recuperado la filosofía de la palestra griega. Y sí, sus chicas no encandilan precisamente por su tenis vistoso, son más bien chillones molinillos dinámicos que dan palos desde el fondo de la pista, pero los resultados están ahí. Es un hombre que conoce y asume la responsabilidad de saber que un montón de padres le ofrecen a sus primogénitas.
El talento tenístico se detecta antes en las niñas y la academia destina un agente a cada nueva joya. Ya prevenía Nabokov de que sólo ciertos viajeros embrujados eran capaces de detectar a la nínfula de entre un montón de chiquillas, pero su disciplina marcial es enemiga de la lasitud del ninfulomaníaco. Clare Quilty y Humbert Humbert verían con disgusto sus reglamentos.
Nick se levanta a las 5:30 (¡AM!) para hacer ejercicio, y por ello es capaz de presentar a sus 76 años esa estampa aguerrida que desafía el look machihembrado que bendicen las revistas masculinas de moda. Esas gafas de arrogante chuloplaya con que se defiende del sol, antifaz de superhéroe de la Marvel de las que sólo debe despojarse para descansar de su tarea titánica; ese pecholobo de veterano que ha sabido adaptar a los tiempos, pasando de la rizada fronda con medalla de oro al rasurado brillo sin adorno de hoy. Nick maneja como nadie el lenguaje seductor de los pectorales, algo inalcanzable para los ejecutivos de Wall Street en su vacío laboral. Tiene aspecto de gustarle el olor del napalm por las mañanas, pero es también capaz de acicalarse para el Abierto de Estados Unidos con una camisa rosa. Demasiado viril para GAP, pero no menos agreste para la corrección indumentaria de la Ivy League, Nick es uno de esos solitarios intrépidos que no cabe más que en sí mismo. Estoy seguro de que Nick Bollettieri no tiene ni puta idea de quién es Deleuze (ni falta que le hace).
En su cuidada web Nick lo da todo y nos advierte que tienes que ganarte el derecho a quitarte la camiseta (You have to earn the right to take your shirt off to coach!). Allí están las imágenes de las estrellas del mañana. Allí leemos lo siguiente: «Nick brings his own passionate style to everything he does with a raspy voice that is easily recognizable and a message that cannot be ignored.»
Pero no todo es glamour, acento en la cultura del éxito, Nick tiene tiempo también para mejorar el mundo, y organiza campamentos de verano en Vermont sin ánimo de lucro para niñas gorditas donde se las inculca hábitos saludables alimentarios de ejercicio. Camp Kaizen es la conciencia protestante del dinero, y una obra encomiable en el país de los gordos. Allí se trabaja la autoestima, todo sucede con orgullo a espaldas de esa América opulenta y grasosa. Hay mucho trabajo por hacer, pero Nick tiene fuerzas suficientes para acometerlo. Yo guardo una foto suya en el cajón para el momento en que, antes de entrar en el quirófano, al taller de reparaciones plásticas, susurre al cirujano unas sencillas palabras: así, así es como quiero que me dejen, justo como él.
La arruga es bella, es un diploma de la experiencia. Véanlo aquí, con ese carisma, esa contagiosa gracia, esos ademanes que nos empujarían a la guerra, esa responsabilidad de llevar los USA en el abdomen.
lunes 5 de mayo de 2008
Hartos de rehab
Uno de los más recientes cultos mitómanos es el que presta atención a las terapias de desintoxicación de algunos descarriados del star system mediático. La propia vida y su deterioro como materia sujeta a inspección pública, que seduce audiencias tanto o más interesadas en los infiernos personales que en el presunto talento de sus protagonistas. Puesto que la pornografía –la exposición total, lo más desnudo más allá del desnudo– es un discurso en alza, tiene su relato paralelo en esta abundancia de falsas caídas, fenómeno agudizado por la capacidad narrativa de los mass media, inencontrable en las artes tradicionales y que ha hecho proliferar la moda de los estilos de vida altamente perjudiciales para el hígado como aspiración vital. La rebeldía como privilegio, como status. Los famosos se permiten con rijab el lujo de una reparación biográfica, fuera del alcance de los mortales. Las adicciones elitistas jalonan una precocidad averiada de artistas, modelos o actorcitos. El alejamiento del ojo público no es vergonzante, sino ocasión de orgullo del propio lifestyle: fiestas locas, bandejas de nieve, piscinas de moët chandon y chicas de pasarela. Detox, rehab… un léxico especializado se incorpora al debate público.
La edad adulta queda en suspenso al acudir a rijab. Lo dice Amy Winehouse: "They tried to make me go to rehab/I said no, no, no./Yes I been black, but when I come back/You wont know, know, know/I ain’t got the time/And if my daddy thinks i´m fine/He’s tried to make me go to rehab/I wont go, go, go". Ser chungo mola. La anorexia no existe en el tercer mundo y siempre hace más mella en las clases altas. Las que no tienen papi que las recoja del suelo tiran para adelante, trabajan de cajeras o de lo que sea. Así que a rijab van las pijas, las que pueden permitírselo.
Por supuesto, las clínicas de rehabilitación –las más famosas son las de Los Angeles– son correctos espacios con parterres, mecedoras de teca y pasillos bien ventilados, celdas glamourosas para santas contemporáneas, lejos del horror de las salas públicas de venopunción para yonkis de baja extracción.
Ahora la atención no se dirige a los implantes de silicona, las rinoplastias, los liftings o las inyecciones de colágeno, sino a otro mejoramiento de orden más espiritual. La sociedad del hartazgo vuelve los ojos al aleccionamiento cristiano de la cruz. Las drogas son malas, pero la experiencia se banaliza al mostrar la rehabilitación de los adictos. Acertado término, pues rehabilitación significa también en términos legales la reintegración de la honra o las dignidades de las que fuimos privados. Britney Spears y Lindsay Lohan nos descubren los aspectos deportivos del vómito.
En la sociedad de clases pacificada la historia de la sangre ya no es la de su derramamiento, sino la de su sustitución. Cambiarse la sangre en Suiza es una actividad de prestigio, un gaje olímpico, privativo de unos pocos. Nace una estética sofisticada, ampulosa, sobre el tema. Steven Meisel retrata a top models ingresando en clínicas de rehabilitación, como antes las retrató sometiéndose a operaciones de estética.
Los fans modifican su experiencia vicaria (las emociones experimentadas a través de las vivencias de otros) y lo sustituyen por un instinto protector, vigilante, y no es raro que berreen reclamando el derecho a la tranquilidad para sus ídolos. Vean si no a este joven histerizado pidiendo que dejen en paz a Britney:
Todo esto son maelstroms de mentirijillas, una manera de banalizar la trasgresión para anularla. Estamos hartos del rollo rijab, de estas penurias artificiales. Lejos queda el encanto luciferino de viajes sólo-de-ida, el ingreso en márgenes irrecuperables de un Chet Baker o una Billie Holiday, el infierno en penumbra de Liza Minelli y Carrie Fisher, o la trinchera mental donde pernocta la alienación lírica de Panero. Siempre nos quedará el rijab fantástico de Mariah Carey, que ha pasado del engorde olímpico -una autodestrucción más heroica porque en la sociedad actual no hay peor ostracismo que el de la grasa- a pin-up neumática y porque ha pasado de ser indie total -las pobres cifras de ventas de sus discos así lo certificaban- a súperventas.
viernes 25 de abril de 2008
Regurgitando como un volcán
Hola soy Millana, he escuchado el último disco de la Naranjo y esto tengo que contarlo. Primero quiero aclarar que a mí el histrionismo me gusta para mirar, rara vez para escuchar, pero el fenómeno de MN me tiene demenciada, boqueando, yo no entiendo nada, saca lo peor de mí, me hunde en los lodos más antiguos del folclor, con los tamtanes de Africa.
Gracias a ella y a mi pesar puedo comprender a las mariquitas andaluzas que se desgañitan con los ojos en blanco, llorando y gritando halagos obscenos a la Virgen del Rocío. Me hermano con ellos, comparto ese atavismo, me hago más humana, sí, más occidental.
Ahora bien, como esto excede a mi comprensión, voy a intentar analizarlo y en eso va a consistir este post, a ver si lo consigo. Acompañadme en mi viaje pero haceros cargo, porque estoy rastreando en lo peor de mi, he avisado, lidiad con ello.
No puedo decir que Mónica me guste porque consiste en otra cosa, ella me imanta, su sola presencia ampulosa y ultra loca, su gestualidad desatada y su intensidad pasada de rosca me fascina, es que al verla por la tele se me acelera el pulso y pierdo el norte.
Y tampoco sé si el disco me gusta o no, creo que es algo que está por encima del bien y del mal y sobrepasa por completo lo musical, no lo escucho como un conjunto de canciones sino como una performance u obra de teatro sonora, sí, un fascinante radiofolletín de imprevisible guión.
Este disco es en verdad un batiburrillo muy extremo que mezcla opereta con T.A.T.U, Marilyn Manson, música indutrial, heavy épico europeo de los ochenta, Rocío Jurado, Enya, Evanescence y el chill out de Chambao entre otras cosas. Y todo ampulosamente orquestado y sobreproducido.
Es difícil de creer, tú le dices esto a cualquiera y le parecerá un horror, e igual lo es, no te digo que no, pero es que es Mónica Naranjo, son sus aullidos sobrenaturales, su alma chiflada y megalomaníaca. Son sobretodo sus letras desatadas, grandilocuentes y al mismo tiempo tan básicas, tan bonitas que te llegan al corazón. Corazón entendido como víscera que chorrea sangre u otros fluidos humanos, porque ella ataca a lo más bajo, a lo animal, va directa a esos sentimientos grandes y sencillos, que mas que sentimientos son instintos: amor, dolor, deseo, libertad. Ya está, no hay más temas, para de contar.
En verdad que no hay artista en castellano que haya repetido más veces la palabra libertad en sus canciones, los fans lo saben, que las han contado.
En las entrevistas habla de sí misma con ceremonia, es plenamente consciente de que forma parte de esa raza antigua de diosas extremas de la canción, como Rocío Jurado y Raphael, esos que tienen las gónadas como bolas de discoteca y el mal gusto para decir que quieren morir en un escenario, dándolo todo, en plena vomitona de arte loco.
Podría seguir ahondando en el tema de la dualidad arte-locura pero paso, no puedo pensar ni analizar nada, soy todo sentimiento, Mónica está dentro de mí y es ella la que escribe este post.
Bien, cuando habla, su postura corporal es regia y majestuosa como la de una profesora de ballet clásico con su bastón, el cuello alzado, los hombros tirantes, las manos como palomas. Sus pómulos saben buscar la luz, si es cenital ella alza la barbilla y ladea la cara, es una profesional del artificio y del embrujo, discípula de Josef Von Sternberg y la Montiel, se las sabe todas.
Al hablar susurra, modula la voz y cambia a cada rato de entonación porque no quiere aburrir, está entrenada para fascinar. Ella sonríe con dulzura y lentamente, a veces se queda pensativa y pone cara de pensar y eso no es tan fácil, pero sabe hacerlo, no te la crees pero al mismo tiempo ves que lo hace mejor que nadie, que es lo fascinante.
Y como es una Grande y lo sabe, se vende como tal, en la web, su biografía se inicia con:
"Que es el amor sino esa fuerza ancestral que rompe todas las barreras de la lógica para salirse con la suya y morir en el intento."
Olé y olé, qué arte, así es ella, rompiendo las barreras de la lógica, siempre en éxtasis. O está gozando suspendida en el orgasmo o está sufriendo insoportablemente y a las puertas de la muerte, no hay término medio. Y nos lo cuenta con su retórica extrema y visceral, ella entiende la vida como el amor y el amor como desgarro, éxtasis de muerte, entrega y sangre.
Y todo esto de la forma más primaria, folclórica, lorquiana, gitana de verde luna, Palmar de Troya, María Felix abofeteando a un mariachi, La Macarena, Saturno merendando, la Pasión de Cristo, Maria Callas suicidándose por un armador, los ojiplatos de Gloria Swanson en El Crepúsculo de los Dioses, Juana de Arco hablando sola, el rimel corrido de Ana Magnani, Irene Papas pariendo, Barbarella... Perdonad la retahíla pero es que es todo esto y peor.
Mónica es el triunfo absoluto de la sobreactuación y de la catarsis en el escenario y en la música.
Por eso sólo ella es capaz de escribir Perra Enamorada, (canción de su anterior disco, Minage) que dice así:
"Por amor/ yo soy capaz/ de arrodillarme/ de pedir perdón/ de dar la vida/ pero, ¿quién me curará?/ ¿quién lamerá mi piel?/ ¿quién? / me abriré las venas/ se cerrará la tarde/ al ver tu corazón de yeso/ regado con mi sangre/ y abierto para darte así, sí, mi carne..."
Fíjate, se abrirá las venas y regará tu corazón con su sangre, toma poderío.
Otro de los signos por los que percibo que Mónica hoy está dentro de mí es que me siento ultrafeminizada, entendiendo por feminidad lo que entiende ella, algo opuesto a la intelectualidad. La mujer es una fuerza bruta de la naturaleza, una bestia del amor, un ser dador, un río insondable que se brinda a ti para que te atragantes y te mueras. Ella lo explica muy bien en Eva, canción de su ultimo disco:
Soy
carne de hombre y mujer,
diosa de amor y animal,
noche y esplendor de aurora.
Soy
leche del sueño de Adán,
vientre de sombra y de luz
y estoy esperándote.
Soy
Venus preñada de amor,
hembra de parto y dolor
y estoy esperándote.
Ven, mi niño, ven, (llueve y hace frío)
mira que en mis pechos no cabe más miel.
Aliméntate (bebe en este río)
nana que apaga tu sed
y me dejaré en una cuna
el corazón, el corazón.
Muérdeme el amor,
dame tu blancura de muslo
y tu olor.
Ven a recorrer
el hilo de sangre que riega El Edén,
sangre que riega El Edén.
Y penétrame de amor oscuro
el corazón, el corazón.
Uf, intensa ¿verdad? Si no menciona la sangre o la penetración no se queda tranquila.
Ahora bien, la feminidad como la entiende Mónica Naranjo es también como la entienden los travestis, algunos transexuales y los actores de kabuki, es decir, como una construcción alambicada, una bellísima ceremonia del té que recoge todos los tópicos, gestos y lugares comunes para llevarlos al extremo y así, mediante el artificio hecho arte, embellecer el mundo y volvernos locas.
Es esa feminidad con la que los hombres feminoides nos dan mil vueltas a las mujeres biológicas. Ahora se entiende porque se ha rumoreado tanto que Mónica es transexual, pero no, ella es sólo una mujer con pluma, una artista total. La Dietrich, de tan "femenina" y construida también parecía transexual y siempre ha sido inspiradora del transformismo y del arte marica de primera línea. Y en España no hay travestí ni maricón estándar que no imite o haya imitado alguna vez en su vida a la Naranjo, aunque sea borracho.
A muchas mujeres biológicas nos cuesta imitarla porque nos sentimos torpes, quizás avergonzadas y poca cosa ante tamaña hembra sobrenatural. Nos sentimos machos comparadas con ella y eso es muy incómodo.
Cuando se lleva algo al extremo se puede terminar convirtiendo en icono y al mismo tiempo en caricatura. Por eso Mónica Naranjo parece un dibujo animado, como Jessica Rabbit pero mejor, alza la ceja igual, sus caderas son altas, redondeadas y surgen con forma de corazón de su estrecha cintura de corpiño, luego están esas piernas, muy largas pero de buen gemelo y muslo fuerte. Y los pechos al vapor, antes se ponía unos escotes muy dramáticos que acariciaba con la mano crispada al cantar, se subía el canalillo hasta la barbilla, ahora se lo ha bajado un poco y se agradece. Me gusta más.
En su primera época jugaba a recordarnos a Cruella de Vil con el famoso tinte bicolor que le hizo Rappel. Luego ha pasado por todas las malas de Disney, incluso por la sirenita. En este disco es una madrastra sexy, una bruja gótica y de buen ver.

Retomemos su biografía, más bien su hoja de prensa, que tiene joyas de retórica naranjera que no se pueden pasar por alto. Hay tanto culto flamenco a la personalidad y es tan naïf, que estoy convencida de que lo ha escrito ella:
"como animal salvaje, bella y bestia a la vez, sabe resguardarse en su guarida, su frondoso universo personal , y reaparece cuando todos creen que ya no volverá, armada de respeto hacia su público, regurgitando como un volcán, lava incandescente llena de bellas melodías, imparable."
Madre del amor hermoso y seguidamente la cosa se pone mística:
"Instintiva, sensitiva, intuitiva, poderosa, recibe también de las fuentes del mas allá, la fuerza y originalidad, única, irrepetible, que hace que se le ame o se le rechace, se la adore o se la ignore, pero nadie queda queda impasible, por eso , por su unicidad, por ser irrepetible, este capricho de la naturaleza, esta "elegida", nos inquieta a tantos"
Y a tontos. Pero la cosa sigue y se convierte en mito, tragedia griega:
"Ella nunca morirá, ya es leyenda, maravillosa, valiente, honrada con sus instintos e ideales musicales, lejos de perseguir el éxito fácil, a la moda y pasajero, superviviente infatigable, guerrera incombustible, casi hasta la extenuación..."
Y todo así.

Atención a algunos títulos de las canciones de este disco: Amor y Posesión, Amor y Lujo, Revolución. No se puede más con ella. Aquí unos breves y muy ilustrativos extractos de las canciones citadas:
Amor y Posesión:
"Libre porque quiero/poderío, libertad./Libre de mi dueño /porque tengo dignidad."
Amor y Lujo:
"...cuerpos de gloria/grandes historias/queremos más, queremos más!"
Revolución:
"Revolución va contra todo el que condena mi conciencia y mi verdad /Revolución es una lucha sin fronteras por ganar mi libertad"
Y ya concluyo, a ver, ¿por qué me gusta así Mónica Naranjo?
Bien, yo creo que ella es en verdad una artista total y una artista muy española. Sus letras me recuerdan a un Lorca simplificado, un Lorca infantil, pero más en arrebato. Ella es el punto donde se enlaza el arte rococó con el rupestre, y eso siempre seduce.
Porque es tan absurda y tan sensible al mismo tiempo y ante ella me siento una urraca fascinada por el brillo y las cejas alzadas. Porque me encandila el artificio como prodigio de la voluntad, de la paciencia. Y me enternece y valoro el esfuerzo de buscar la belleza y construirla a tu manera si no le encuentras.
Por su imagen majestuosa que roza lo irreal y lo chabacano, la diosa griega y el drag queen, porque quiere ser sublime, da mucho juego y canta como nadie canta.
Y en España gusta el paroxismo, la copla, el flamenco, el drama, los puñalitos clavaitos en las sienes y las lágrimas de sangre, y ella es la única de esa pasta que tenemos por aquí. Hay que cuidarla para que nos dure mucho.
Una de mis favoritas de MN de todos los tiempos, en directo y lubricando.
Actuacion de MN en OT, con cambio de estilismo en el escenario, puro entertaiment.
Actuación de MN en Fama, con un estilismo maravillosísimo.
Una de las últimas entrevistas de la Diva.
Su página web, demencial.
El videoclip de Europa, también demencial.
miércoles 16 de abril de 2008
Vestidos para la utopía
Hay un aspecto fascinante de las materializaciones utópicas y es la uniformidad, que traduce un proyecto histórico. La verdadera revolución silencia el yo, cuando no lo aplasta, borra las identidades y es antiindividual. Por otro lado, en una sociedad perfecta no habría lugar para la distinción, tan ligada a la división de clases. La conclusión de la historia trae consigo la abolición de la moda. Todo será igual en adelante, inamovible en términos históricos. Veblen ya observó que el atavío era el mejor indicador de la situación económica, y no alcanzar la norma fijada por el uso social es la mayor sensación de mezquindad. La ropa demuestra que se vive de acuerdo a los niveles acreditados de gasto y prestigio, y las modas predican la reputación de una prenda más que el servicio mecánico que puedan ofrecer. La ropa limpia nos pone a salvo de ser incluidos entre los que desempeñan tareas industriales. Vestir como ociosos para que nos cuenten entre ellos.
Siempre me ha gustado el mono de Rodchenko, diseñado por Varvara Stepanova. Presta un aire metálico y futurista a su portador, antisubjetivo, conciliando las facetas técnicas con el fragor industrial. Si la historia se entiende como el camino de la humanidad en pos de la sociedad perfecta tendremos que estar de acuerdo en que dichas condiciones de perfección abolirían los distingos vestuarios. Todo el mundo vestiría igual porque habrían dejado de existir las contiendas de clase. Mucho peor es la actual uniformización de conciencias de hoy y nadie se escandaliza por ello, antes bien las revistas de tendencias celebran las marcas normativas de la tribu, la presunta libertad personal expresada dentro de la masa anónima. Los complementos baratos de inditex alimentan un yo inofensivo.
No podía ser de otra forma que el experimento soviético se inspirara en la categoría prometeica del trabajador y en lo menestral como forma distintiva de la ropa por venir. Balizas y herramientas como cayados del profeta moderno. El proletkult instauró sus propias formas estéticas, malversadas más tarde en un clasicismo de circunstancias. Aquí, el look obrerista atrajo a los poetas de la derecha, que se adornaron de azul mahón, y los intelectuales de izquierda se embutieron en monos de miliciano, aunque un poco por estética y sin coraje verdadero, como toda devoción burguesa por lo revolucionario. Esta inspiración no estaba lejos de compartir las motivaciones del dandysmo, esa doliente resistencia más estoica que lánguida, con sus propias rigurosas gimnasias y que desconfía de lo que ha de venir desde una menguante frontera aristocrática. El prêt-à-porter ha erosionado la singularidad despreciativa de la sastrería opulenta, pero el uniforme menestral mira en cambio al futuro sin pesimismo.
Dicho futuro vestirá de uniforme y la ficción anticipatoria lo ha entendido bien, desde el correcto vestuario de ejecutivos en la distopía genética de Gattaca al futurista pijama de los varones sujetos a una temprana caducidad en La fuga de Logan. En repúblicas elegantes como la de Corea del Norte los hombres visten el dat gin yang bok, un austero traje abotonado hasta el cuello. La denuncia de estos regímenes también ha inspirado el vestuario de la ópera 1984 Lorin Maazel, basada en la obra homónima de Orwell, con el atrezzo de Winston Smith diseñado por Yasmina Giguère.
El mono de Rodchenko respondía al clima general de su época, con el culto a la máquina y el entusiasmo por las formas industriales, y daba primacía a las geometría sobre las formas corporales. El propio Léger rindió culto a la máquina y sus figuras humanas son una adición de formas geométricas. La moda constructivista, futurológica y tecnológica, hacía de los hombres figurines de un ballet maquínico. La utopía conllevaba el espectáculo de la coreografía de masas en sus urbes perfectas.
Hoy nada queda de los proyectos utópicos, y no digamos ya de la moda funcional para mayorías sino como look trillado para ciertos combos musicales techno. Para triturar mi idealismo, no han faltado amigas –las mujeres siempre tan prácticas– que me recordaran las dificultades que representa un mono a la hora de hacer pis. Pero ese mono, un hábito para la sobrehumanización, es súperelegante.
Tendríamos que estar de acuerdo con Jerry Seinfeld: «Si se piensa en la cantidad de tiempo que lleva elegir ropa, no cuesta mucho concluir que todos deberíamos vestirnos igual. Eso, en definitiva, es lo que va a suceder a la larga: fíjense que en todas las películas y programas de televisión que transcurren en el futuro, o en otro planeta, todos están vestidos igual. Calculo que en algún momento alguien deberá tomar la decisión: Bien, todos ustedes, de aquí en adelante: pantalones plateados y remera con escote en V gris, porque vamos a visitar otros planetas y queremos parecer un equipo».
lunes 14 de abril de 2008
Boba y solemne
Hola soy Millana y un amigo me dijo que "el caso es que los moleskine molan si no fuera por lo mal que hablan de sus propietarios". ¿Y cómo y quienes son sus propietarios? ¿Qué coño ocurre con la dichosa libretita? ¡¿Y cómo se atreve a generalizar de esa manera?! ¿Generalizar no era de necios? Pero parece que no es el único, en internet encontré hasta una preciosa oda a las Mujeres Moleskine. Atiende:
"Las mujeres Moleskine son atemporales. No importa su edad. tienen el magnetismo de la languidez, la sonrisa breve y tímida: el lirismo otoñal de los anocheceres urbanos. Me enamoro siempre de mis clientas Moleskine, al menos mientras dura la venta. Las veo miopes y francas, decididas pero torpes, como necesitadas e un interlocutor que por supuesto ellas no saben que podría ser yo porque nunca me ven. Las mujeres Moleskine. Con vestimentas informales pero bien escogidas, con prendas de lana y rostros limpios y desnudos. A veces en bicicleta, a veces cruzando las calles que separan la ciudad de su relato. Carne de cañón. Carne limpia y deliciosa. Miradas que buscan no mirar aquello que da miedo ver. Y un Moleskine recién comprado donde atesorar el milagro de algo que se parezca a la felicidad. Quizás algún día conozcan el secreto de Moleskine. Llegado el momento, yo me brindo a desvelárselo".
¿Cual será ese secreto? Alguno tiene que haber porque aquí leo:
"Para mí una Moleskine es un estilo de comprender la literatura y ejercer la escritura. Puedes ver que es una simple libreta pero en su simpleza esta el recorrido de un mundo, de historias llenas de detalles y descripciones..."
Y tánto que debe tener algo, si no, no me explico esto:
"Moleskine is culture, travel, imagination, memory, personal identity. A Moleskine notebook becomes an integral part of one´s personaliy. It is a basic, compact and intelligent accessory. Symbolic and practical elements are combined in one story-telling object that releases energy and emotions collected over time".
Después del googleo concluyo en que Moleskine es un objeto de identificación y por ello reconforta, y mucho. Te hace formar parte de un club de talentos ilustres, compartes tu libretita de cantos redondeados con otros grandes, como bien se ha encargado la campaña de marketing en señalar pícaramente: otros prohombres se han adentrado en sus níveas páginas, han acariciado las tapas con las mismísimas yemas de los dedos de sus manos y han hecho ¡chas! con la gomita.
He aquí un Moleskine Boy que expresa brevemente su orgullo identificativo, su amor por la libreta y mas aún por la literatura: "Reconforta pensar que se comparten manías con otra gente: Bruce Chatwin, Hemingway, Carmen Rigalt...y Daurmith."
Es un marketing perfecto, una marca a la que aprecias y eres fiel porque te aporta ese plus que otras libretas similares o idénticas no puden otorgarte, pero ¿es verdad eso? Parece que no: "Es un exageración" reconoce Francesco Franceschi, jefe de marketing de la empresa que comercializa Moleskine. "Es marketing, no ciencia. No es la verdad absoluta."
Hemingway, Van Gogh, Matisse o Picasso como mucho usaron libretas de formato similar pero Moleskine solo existe desde 1996.
¡Y que importa eso, queremos soñar!
Porque con estos cuadernos tu escritura tiene packaging de perfume, el continente dota al contenido de mayor riqueza, y parece que en tu Moleskine recién comprada la obra ya existe, solo tienes que ir tapando con tinta los puntos precisos. Sera verdad que la cultura evoca cultura, ya que esto me ha hecho pensar en Gargallo, Chillida, Oteiza, esos escultores del vacío, pero al mismo tiempo me viene a la cabeza los tapetes de ganchillo que las abuelitas ponen a sus preciadas teles para engalanarlas.
Y asi el objeto se dota de un valor inefable, el objeto es solemne y te transfiere su solemnidad, en blogs pro-moleskines se habla de la emoción ante la primera página, de la reverencia, el temblor. Inicias la libreta con trazo inseguro porque quieres que la letra sea mas primorosa, en una Moleskine no puede haber borrones.
Y es por ello que escribes más lento, con más mesura y atención, con la puntita de la lengua sobre el labio superior. Es fácil imaginar a Hemingway escribiendo así en su cuadernito, de esa forma ¡¿cómo no vas a escribir mejor que en las libretas baratas?! Este era el gran misterio, así se desvela el secreto de la excelencia literaria.

-Madrid en una Moleskine por Enrique Flores.
-Fetichismo extremo por la libreta de los bobos solemnes.

