miércoles, 2 de abril de 2008

Freud explicado a los niños

Hoy vamos a hacernos eco de uno de los inofensivos escándalos con que los mass media entretienen al populacho mientras todo se viene abajo. Menuda zapatiesta se ha organizado en Inglaterra con los peculiares gozos de Max Mosley, presidente de la Federación Internacional de Automovilismo. Un tabloide británico descubrió que Mosley, de 67 años, participó en una orgía sadomasoquista con señoritas (hookers!) con atrezzo nazi. El anciano obedece escrupulosamente los pedidos y acepta con gusto las fuertes nalgadas que le propinan las chicas con un látigo. Hay que mencionar el alto nivel cultural de las señoritas, que hasta se permiten el alarde de hablar en alemán durante la performance. El bueno de Mosley festeja con un reglamentario té inglés la sesión disciplinaria junto a sus captoras.



Hace un tiempo el Archivo Nacional Británico publicó las fotografías de unos niños que estuvieron en la cárcel de Wandsworth, durante la época de la Inglaterra victoriana, con sus respectivos historiales delictivos, descripciones y fotografías. El sistema penal deparaba a los niños duros castigos físicos, como diez azotes con una rama de abedul y cuatro días de trabajos forzados (pena impuesta a un crío de 13 años por haber robado unos higos). El gusto por la flagelación se extendió de los hogares aristocráticos y de clase alta a los internados privados, y de ahí a las instituciones penales, con el resultado de que se predispuso masivamente a millones de varones ingleses a desarrollar una afición por el BDSM en la edad adulta. Hay que decir que a las niñas no se las azotaba en ningún caso. Los francesitos deslenguados dieron el nombre de “vicio inglés” a esta forma de disfrute. Menos mal que la sensibilidad progresista Tony Blair hizo prohibir el castigo físico en las escuelas británicas, poniendo fin a un súpersincero vínculo de siglos entre spankees y spankers.

Siempre se ha asociado el sadomasoquismo a elites culturales y económicas, prácticas que se desmarcan de la gimnasia plebeya del metesaca. Es una forma de desmarcarse, una ostentación orgullosa y de clase. Lo otro, lo normal, queda para el vulgo. Entre la escolarización de gónada rancia y el elitismo parece que los árboles no nos dejan ver el bosque. Porque todo el outfit pardo y la pobreza de escenarios no encubre sino un apetito hortera y un mal gusto terrorífico, algo digno de la peor filmografía de sexploitation nazi. Ya me dirán cómo compaginar status con esta horterada. La sexualidad morbosa es enemiga de las mazmorras alquiladas por horas.

Lo gracioso del asunto es que Mosley es hijo de Sir Oswald Mosley, el creador de la Unión Británica de Fascistas y amigo personal de Hitler, amante de los uniformes, de las camisas negras y del reventamiento de huelgas obreras. Y eso que el chico, de buena familia, ¡venía del laborismo! (Hay que decir que la bandera de su partido es muy chula y que sería una pasada poder exhibirla como parche en los blue jeans, pero a ver quién es el guapo que se pasea con ella por la calle y sale bien librado del azote antifa, sólo los rockers han conseguido ir por ahí con la bandera sudista gracias a años de dureza callejera y tupés de cemento). Podríamos ensayar un puñado de lacanismos y doctos apuntes froidianos, pero en MILDRED odiamos la pedagogía. El peterpanismo también puede colarse en tu alcoba y anidar en la entrepierna. Siempre se añora ser niño e irresponsable y recibir un azote por alguna simpática trastada. La disciplina laboral es aún peor.


Claro que nos emociona el salvajismo de la prensa británica para con la turbiedad de sus prohombres, atizando por igual a la familia real y a los millonarios. Hasta el príncipe Harry fue expuesto a la mirada pública como un borrachuzo fiestero adornado con la esvástica, altercado bien inocente si recordamos el origen alemán de la dinastía Windsor o las simpatías nacionalsocialistas de Eduardo VIII, duque de Windsor, que con tanto ahínco trabajó por lograr una paz con los nazis durante la Segunda Guerra mundial. El idilio del gusto inglés con las formas del fascismo alemán es viejo. ¿Es posible imaginar estas desnudas denuncias en un país como España, habituado a bajar la cabeza ante el poder de esta democracia oligárquica?

Vamos a ver si Mosley es destituido del cargo, hace bastante tiempo que el nombre de Alejandro Agag –que se ha forrado con los derechos para televisión de las carreras de Fórmula 1– viene sonando como futuro sucesor. Sería un gustazo que el yerno de un demócrata sustituyera al hijo de un fascista... lol

5 comentarios:

Anonymous dijo...

¡Bien bonitos que quedan los uniformes nazis en las pelis.
Si Pull&Bear saca colecciones con iconografía soviética, bien nos puede hacer Zara una con iconografía gestapiana. BONE.

Aionic_Kid dijo...

Los ingleses son sin duda los más ridículos y menos sensuales de entre los europeos, empezando por esa lechosa carnosidad mórbida y terminando por su recatado peterpanismo en la hora del té. ¿Es pues de extrañar que sus costumbres sexuales sean igual de ridículas que sus entonaciones naïf?

Tienen, no obstante, una gran ventaja respecto a todos los demás, y es la infinita modularidad de su lengua. El inglés es pariente lejano de los muebles Ikea y los menús a la carta McDonald's, con toda esa conversión gratuita de nombres en verbos o adverbios y esa capacidad de almacenaje de sus palabras valija al alcance de cualquier ser lenguado.

Millana dijo...

Cunado Zara sacó el bolsito este tan mono de las esvasticas y las bicis:
http://tinyurl.com/2t7ly3
Tuvo que retirarlo por clamorosa petición popular. Ahora en Ebay esta por las nubes.
La iconografía gestapiana aún tardará mucho en salir de los sexshops, con excepción de las boutiques de siniestros.
Esto contigo Aionic en la falta de sensualidad del inglés, de ahí se entiende lo de su asquerosa comida y su afición por los dulces, paladar infantil.

Anonymous dijo...

Me encanta tu blog, soy un fan total!

pau

Clovis dijo...

Gracias, PAU, en mi nombre y en el de Millana. Siéntete a gusto de venir a visitarnos cuando quieras.

BONE: es imposible que Inditex nos regale con un urban wear de inspiración nazi, primero porque la masificación la despojaría del encanto elitista y porque los guardianes de la democracia aullarían de pánico. David Delfín sacó hace no mucho una camisita rollo S.A.

AIONIC: como bien ha denunciado Ulrich Seidl, la sensualidad en Europa no existe. Los derechos humanos han machihembrado a los tíos, y las mujeres se masculinizan cada día más. Los silenciosos aparatos de aire acondicionado ya no interrumpen el silencio sentimental de las habitaciones. El imperio de los sentidos -no ha dejado de hacerlo- habita en Asia. Y sí, el inglés es un idioma muy práctico para explicar el manejo de los electrodomésticos. Qué buen apunte, gracias.