martes, 17 de junio de 2008

Cuando el dinero no importa

Ahora que la honrilla nacional se dirime simbólicamente en los estadios de la Eurocopa, donde naciones culturalmente homologadas, apenas distintas unas de otras, trasladan a una contienda deportiva la posibilidad misma del mito, de la identidad, del sentido que escape de la igualdad algebraica a la que las empuja la norma económica, me ha venido a las mientes el recuerdo de un futbolista extraño: Matt Le Tissier.

Aunque en lo que atañe al fútbol inglés mis simpatías siempre han estado con las urracas de Newcastle –un club de palmarés opaco, que perdió el lustre en los años veinte pero que tiene el honor de haber criado al magnífico Peter Beardsley–, siempre admiré el talento de Le Tissier, un delantero del Southampton que vestía una camiseta rojiblanca parecida a la de mi querido Atlético. Canal+ nos regalaba los highlights de la liga inglesa en los 90, una década de aburrimiento tenebroso. En ellos, casi siempre se recogía la realización inverosímil que nuestro héroe había despachado en el último fin de semana. Entre los atletas mediocres, las nulidades obedientes, los defensas con decenas de dientes postizos y los fondistas dynamo de la medular, emergía siempre la figura de aquel delantero alto, con aire de torpe, un asomo de barriga y el número siete a la espalda. De alguna forma se las arreglaba para ajusticiar con maestría a los porteros, con un repertorio de goles bonitos de los que casi ningún delantero puede presumir y con los que su equipo intentaba escapar del ahogo, salir de los últimos puestos de la clasificación.

Nacido en Guernsey, un paraíso fiscal en forma de islita del canal de La Mancha, la máxima aspiración de Le Tissier fue militar en las filas de su equipo de toda la vida, uno de esos modestos de escaso presupuesto a los que no se invita para las grandes ocasiones, con domicilio en The Dell, un estadio destartalado proyectado por Archibald Leitch. Allí empezó y concluyó su carrera.

Este francotirador de lujo anotó más de doscientos goles, algunos milagrosos, a lo largo de su carrera. Sólo falló un penalty de los cincuenta que lanzó. Cómo olvidar el gol a la media vuelta al Arsenal en la frontal del área, el gol al Wimbledon elevando la pelota con el empeine tras el saque de una falta, aquella galopada desde el centro del campo que concluyó con un lejano disparo que entró en la portería del Blackburn Rovers o esa otra pieza de orfebrería que completó ante el Newcastle, con un control de espuela, una medido autopase y un sombrero que remató con un ajustado disparo. Vean aquí estas y otras maravillas:




Se sabe que el Chelsea le ofreció dinero suficiente, mayúsculo, para haber resuelto la vida de sus hijos. Le Tissier nunca contestó a la oferta, dijo que él no valía tanto. Y siguió marcando goles para su modesto equipo.

La sufrida hinchada le rebautizó como Le God, un dios de feos dientes separados, tan sencillo que consideraba más justo ser conocido como The Fat, el gordo, por su afición a las hamburguesas y el chocolate. Solía decir que bebía tanta cerveza que a veces le pesaba el culo. El talento futbolístico de aquel genio era codiciado por los equipos grandes, que una y otra vez intentaban sin éxito contratar sus servicios. Rechazó las ofertas de Arsenal, Milan, Liverpool, Lazio, Olympic… hasta Jesús Gil intentó ficharle.


Hoy, cuando cualquier jugador de talento abandona a los suyos para ganar dinero o fama y nadie persevera en el amor a los colores; cuando el culto al dinero y el éxito personal se ha instaurado en todas partes, resulta más encomiable el antiejemplo de Le Tissier, uno de esos héroes que pertenece al linaje de los tímidos pero que tienen poco o nada que ver con los encantadores ceros a la izquierda descritos por Walser. Nunca concursó por las ridículas medallas –qué meta tan pobre– y puso del revés la gramática del oro, con ese ensimismamiento de los grandes, la obra hecha sin énfasis y esa valentía de una vez por todas, más biográfica que coyuntural. Él se dedicaba a derrotar a los grandes al borde del abismo. Sus proezas acontecían, sí, en el escenario pobre del Victorian Former Ground, un estadio desportillado cuyo inquilino estaba acostumbrado a pelear por evitar el descenso. Sus goles derribaban cada sábado las almenas de oro de los equipos arrogantes. Matt no encontró mayor placer que juntarse con los suyos para pasárselo bien, una de sus frases resume su filosofía: «no estamos aquí por mucho tiempo, pero vamos a pasar un buen rato

Le Tissier pertenece a la estirpe de John Ruskin o William Morris, esos estetas que creían en la socialización del arte como medio de embellecer el mundo, afeado por la industrialización. Sus goles eran los rubíes de la espada en el cuento de Wilde, con los que el Príncipe Feliz aliviaba las duras condiciones de vida de los pobres. Matt estuvo siempre al lado de los suyos. Los apetitos son más crueles en las plateas de los ricos.

No ganó cántaros de peltre sino el corazón de unos miles. En la esquina alabeada de esta página me gustaría grabar lo siguiente: ars et labor. En las volutas de sus versales se disfraza el lomo de un unicornio, semiescondido entre un arbusto carminativo cuya infusión purga al bárbaro que lo encañona.

18 comentarios:

1977 dijo...

Hoy he leído que Bobby Charlton ha dicho que una Eurocopa sin Inglaterra es como un perrito caliente sin mostaza o algo así. Para mí una Eurocopa sin Inglaterra es una bendición.

dewinter dijo...

No puedo opinar.
Mi único interés futbolístico era Guardiola como jugador.

Millana dijo...

Dewinter, claro que puedes opinar, no es un post sobre futbol es un post sobre el honor.
Y con un final de traca por cierto.

Nelo dijo...

pues este sí que moló. sobre la pasta. que vamos a plantar marihuana y me dice mi colega. pues será 30 pavos cada uno entre los esquejes y la tierra. y yo, no es mucho? y me dice nano, piensa que es una inversión. y le digo, hombre, yo enrealidad lo veo más como un sustento, pero bueno. y dice, y una inversión. y digo, sí, si fuese economista hablaría así. dice, cómo? pues eso, que por mucha inversión que sea yo el aprecio se lo doy por su calidad de sustento, no por el de inversión. que hay q conceptualizar a raíz del provecho q a las cosas se les saca, y no por el simple hecho de que den o te ahorren pasta. salut, y manda ésto al marca. te forras, fijo.

AlAVREZ RABO IN PERSON dijo...

¡Que bonito es que este tipo de gente exista!

SALUD y GRACIAS

Nelo dijo...

oh! hermano!

Nelo dijo...

DIOS! y no había visionado el vidiete. casi me corro señores! y señoritas, obviamente.

Anonymous dijo...

Me parece una grave blasfemia que llamen a esta hombre Le God, cuando ha estado ofendiendo a Nuestro Señor al rechazar sus dones. Cristo le ofreció una vida mejor para el y para sus hijos, Cristo le colmó de dones, le brindó bienes que el rechazó ofendiendo así al Señor y a todos los que no han disfrutado de esas oportunidades. Se ha reido con soberbia de los menos afortunados que ya se darían con un canto en los dientes por tener los dones que el rechazó. ¿Y se atreven a apodarle Le God?
Aqui se ve claramente la mano del maligno en sus peor encarnación, la mas mentirosa, súcia y rastrera, la encarnación del mal disfrazada de justicia social, rojerío y totalitarismo, que engaña a tantos pero que en realidad solo entraña bajeza, pobreza de espíritu e ingratitud. Solo la justicia divina, que siempre es social, es la verdadera y quien no quiera verlo es sucio de alma y corazón.

dewinter dijo...

Joder, si no son los situacionistas son los ultracatólicos...
Clovis, Millana...¡estáis rodeados!

Millana dijo...

Pues a mi me han convencido.

Nelo dijo...

ay dios, ahora sí que debe parecer ésto el pegamín. no?

Clovis dijo...

Sólo alguien muy zafio puede oponer a lo sagrado el prosaísmo material, a la misión el asiento contable, al alma un deleite digestivo. Jesús expulsó a los mercaderes del templo.

El SPAM humano siempre se cachondea de todo, sin maldita gracia. Atravesamos un tiempo de risas, preámbulo siempre de otro de tinieblas.

Clovis dijo...

Claro que sí, Nabo, valor de uso y valor de cambio. En Marca hay que ser muy zote para abrirse camino, yo prefiero escribir pies de página.

dewinter dijo...

Las tinieblas pueden ser muy emocionantes también...

Clovis dijo...

Las tinieblas son más emocionantes siempre. ¿Te vas de vacaciones, dewinter?

dewinter dijo...

No, Clovis. He puesto de vacaciones el fotolog; los juegos se vuelven aburridos si abusas de ellos.
Sigo pensando en el pádel.

El perro de Paulov dijo...

Se me antoja justo y necesario el homenaje, señor Clovis. ¿Y usted, se va de vacaciones? ¿Cuál es su paradero estival?
¿Conoce usted por ventura a un tal Carlos Úbeda?
Si le apetece celebrar algo esta noche ya sabe dónde estaré agitando la coctelera (es un decir), hoy no me queda otra. Sigo pensando en lo de nuestro club, la semana que viene haré algún avance. ¿Le place "La Mula Moscovita" como nombre provisional? Si se le ocurre algo menos burdo, soy todo oídos.

Juan dijo...

¡Le Tissier!
Clovis, como te espetaría algún colega común: ¡jugón!

Y qué nivel de trolles te gastas jajaja

un abrazo