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martes, 3 de febrero de 2009

¡Sí!

Hola, somos Clovis y Millana y estamos aún aquí.
Sin actualizar desde el año pasado, este es un post de mea culpa y de no nos abandonéis, seguimos aquí y querednos.
Es que estábamos malitos, uno del cuerpo y la otra del alma pero ya pasó o eso es lo de menos, hay muchos temas que departir y no tardaremos.
Porque estamos llenos de vitalidad, nos frotamos las manos y sangran.

Pero mientras llega un post, esto es sólo un entremés, os presentamos las Libretas Mildred, que irán aumentando en número en función del escaneo:
http://www.flickr.com/photos/millana/

El 13 de febrero sale el libro Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder que contiene algunos textos Mildred, en este caso de Millana, la que ahora os escribe. Todo lo que he leído de la editorial Caballo de Troya, que es bien poco (este libro, este otro y este también), me ha gustado, así que...Vale que es un dato subjetivo, pero influye.

Celebramos también que el Reality Blog ha comenzado, se ha hecho de rogar, ahora hagan sus apuestas e impliquense al máximo:
http://supermoderno2008.blogspot.com/

Hasta pronto.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La izquierda lírica

Hola, soy Millana, hola otra vez, aún y todavía.

Pues resulta que en Francia han encarcelado por actos de terrorismo a unos muchachos que según el Ministerio del Interior francés pertenecerían al “ultra izquierdista movimiento anarco autónomo”. Se les acusa de interrumpir el paso de un tren, que la única prueba que tienen los gendarmes es que bajo el nombre de Comité invisible habían escrito un poético manual llamado La Insurrección que viene donde el colectivo invita al pueblo a apropiarse del poder localmente, a liberarse del trabajo, a bloquear físicamente la economía y a destruir las fuerzas policiales. Todo esto redactado con mucho más aliento poético y esperanzador que mis torpes palabras de resumen.

Y es por eso que artistas e intelectuales de renombre han escrito manifiestos en su defensa, Público ha hablado de ellos en un artículo muy pop y laudatorio titulado con acierto Arte y Terror y el debate está en la calle, ahí tirado. Y en la academia refulgiendo.

Que después el libro se ha agotado, la llama se ha encendido, vuelve el espíritu de Génova aunque nunca se fue, la airada juventud sale por la tele y los foros vibran, el estado tiene a sus malos, la izquierda artística y académica tiene a sus mártires, se habla, opina, escribe y por lo tanto también se piensa en algunos casos.

En Mildred estamos en contra de estas detenciones, sé que hace falta decirlo, relajemos el rictus porque este no es el tema del que quiero hablar.



Leyendo sobre el Comité Invisible descubro que provienen de algo llamado Tiqqun, que según sus palabras es (intenten prestar algo de atención): el proceso de revelación de toda cosa como práctica ocupando su espacio en sus límites, es que cada acto, cada conducta, cada enunciado están dotados de sentido, en tanto que suceso (supongo que es muy necesaria esta puntualización), se inscribe a sí mismo en su metafísica propia. Muy bien, ellos además quieren inventar prácticas habitables para cuerpos con mundo, bueno no está mal, suena lindo e inquietante.

Además de escribir textos sobrecogedores, para proporcionarse la autosuficiencia, estos poetas de la revolución recomiendan entre otras cosas los diseños múltiples que consisten sobre todo en apropiarse de ayudas sociales fraudulentamente:

"Aparte del RMI (subsidio de desempleo francés) y las allocations (subsidio francés para el alquiler), la baja laboral, las becas acumuladas, el subsidio para partos ficticios, todos los tipos de tráfico, y todos los otros medios que nacen cada vez que cambia el nivel de control. No tenemos que defenderlos (los diseños múltiples), ni instalarnos en estos refugios precarios o preservarlos como un privilegio de iniciados. Lo que es importante cultivar, difundir, es esta natural disposición al fraude."

Tienen a un ideólogo estrella, un buen estudiante en academias de élite llamado Julien Coupat de 34 años que fue acusado como "dirigente de una estructura de vocación terrorista" y que puede ser encarcelado por 20 años. En Público le describen así, atiende: Julien Coupat, un superdotado capaz de olvidarse de comer y de dormir para seguir leyendo, funda la revista con el nombre ‘Tiqqun’. Con ella, retoma la reflexión post-situacionista.

Es interesante poner en duda la necesidad de comer y beber en pos de algo más elevado: leer, escribir, estudiar, departir y reposar. El instinto de supervivencia se subordina al frenesí por la lectura y su consiguiente acaparación de información libertadora.
Anular el instinto de vida para detenerse a pensar en la vida, interesante sí, pero esto ya lo he dicho antes.


Vengo constatando desde hace tiempo que muchas de las nuevas críticas que aparecen, ya sean post-situacionistas, neo-dadá o de otra índole nostálgica, se hacen sobre todo desde galerías o grupúsculos artísticos, entornos académicos y otros foros de entendidos, y da la impresión de no tener ninguna intención de salir de ahí, quedándose así suspendidos en un ensimismamiento estéril pero abigarrado de carga teórica y poético esteticismo.

En la elección, (y la elección es responsable, se puede entonces empezar a señalar y culpar, ¡háganlo!) el afán divulgador se bate contra el vanidoso afán de profundidad intelectual y siempre pierde. Y es cuando la divulgación se convierte en poesía mala y el contenido en forma reconocible sólo para los iniciados. El atisbo de pensamiento se orna y se expresa mediante símbolos y guiños de hermandad neófita. La idea se comunica únicamente a los que ya conocen la idea, puesto que la forma de comunicarla esta tan revestida de códigos empatizadores, de pruebas de afinidad, que resultaría imposible descifrarla sin antes haberse formado en las filas catecúmenas y haber tachado con letra primorosa, uno a uno, con avara y ordenada impaciencia, todos los ítems que contiene la lista de lecturas y filmes imprescindibles.

Antes de la guerra civil muchos anarquistas se jugaban la vida (y en el juego la perdían) yendo a fábricas y pueblos remotos a alfabetizar y a propagar las ideas libertadoras con un afán constructivo y de divulgación práctica, para ello amoldaban su lenguaje en función del entendimiento ajeno, buscando la trasmisión real demostrando así una exquisita y humilde generosidad que hoy nos hace llorar ¿qué hubiera pasado si se hubieran quedado sacando punta a la idea, ilustrándose y departiendo entre ellos mismos?

En el caso supuesto de que los nuevos pensadores quisieran desligar el discurso del patio afín para extenderlo a los otros, su lenguaje ya habría obtenido un manierismo tal que les supondría un verdadero hándicap comunicarse con intención de comunicar. Están completamente handi-capados.

¿Que pueden decir estos artistas y déspotas ilustrados al asalariado que paga los subsidios y becas que disfrutan sus libertadores y les permiten así pensar por ellos? ¿Que le dirían al "pueblo", a esa "civilización inmovilizada en su propio lecho" que al contrario de Julien Coupat, no ha sublimado aún la necesidad de alimentarse por la necesidad de estar afilado como un daga amenazante que apunta a los que nos oprimen?

Le dirían esto:

-Oye, singularidad, cuerpo con mundo, venimos a decirte que hay que parar las maquinas con la huelga humana para desacelerar el biopoder y la tiranía del sistema antropotécnico.

-¿Ein? -diría el oprimido, el ciego, el desinformado.

Pero por un momento imaginemos que el paria (tú) se apunta, una lengua de fuego aparece en su frente, se produce el milagro pentecostal de la glossolalia y por ciencia infusa infiere y asimila la prefijación foucaultiana, entiende la poesía, se contagia del espíritu colmado de futuro y contesta:

-¡De acuerdo, esto es insostenible, siento en mí la deserción interior! ¡A la revolución! ¡Acabemos de una vez con este estado policial, esta sociedad espectacular que nos sumerge en la astenia contemplativa y nos impide constatar la indignidad de nuestras existencias singulares! ¡Pongamos bombas, unámonos como el hecho comunitario que circula que somos y destruyamos las fuerzas policiales, acabemos con ellos!

-¡Eso no, singularidad!, pues debemos liberar el territorio de la ocupación policial, evitando cuanto sea posible el enfrentamiento directo.

-¿Eh?

¿Y cómo se puede hacer eso? Muy sencillo ignorantes, mediante happenings, manifiestos y exposiciones artísticas colectivas, street art, mail art, foros de debate, blogs y webs interdisciplinares, mailings intempestivos, acciones simbólicas "temibles como fusiles de asalto", huelgas en la uni, conciertos y recitales en centros ocupados o en espacios culturales públicos o privados, convivencias en granjas libertarias, seminarios, charlas, elaboración de libros comunitarios y anónimos que se publican en pequeñas editoriales hermanas.
Y lo que es más importante; redefiniendo el lenguaje antes de hablar y consiguiendo becas de centros de arte de cajas de ahorros, comunidades autónomas o universidades públicas.


¿Y cual sería el estilo literario del nuevo despotismo ilustrado (y artístico)?

Frases entrecortadas que ni empiezan ni terminan, divagación, listas y más enumeraciones y más puntos suspensivos, la vaguedad como estilo, deslizamiento de comas al azar, si escriben en castellano usarían construciones gramaticales de francés mal traducido, oraciones interminablemente subordinadas, gusto por lo inconcluso, respeto por el boceto, donde reside lo real, lo que asoma con pudor y se esconde, evocaciones siempre rácanas, en tanto que. El devenir y la inmanencia, el devenir y la inmanencia…

No concretemos pues concretar sería ofender la inteligencia del interlocutor, notre frère, notre partenaire dans la lutte, él nos entiende así, el símbolo basta, si diéramos más datos, si habláramos para todos, quizás le abochornaríamos innecesariamente.
Respetando siempre la perspicacia de nuestro lector hagamos belleza en el gesto de beligerancia ¡Todos juntos desde nuestra singularidad y subjetividad!

Sí, desde la individualidad de nuestra potencia de generación creadora esbocemos tenuemente imágenes, tan suaves y veladas que tiemblen. Disfrutemos de la opacidad, procurándola. Abrámonos paso sin machete y con extática fiereza, deleitándonos en el paseo, por la selva preferiblemente oscura de todos los conceptos que barajamos con soltura pero que sin embargo somos incapaces de comunicar, gocemos pues de la concatenación de amagos.

Un atisbo que pudiera ser de idea se sumerge en un intento que pudiera ser de literatura, chapotea y se atraganta (et meurt). Pero no lloren por la idea pues aunque esté muerta siempre nos quedará su significación inmanente.

Y todos sabemos que insinuar es mucho más sexy que precisar. De toda la vida.

Entonces recuerda, mi querida singularidad subjetiva a la vez que práctica, las enumeraciones nunca deben terminar: retazos, pecios, desideraciones, suspiros…No, alientos poéticos que terminan en gargajos, pero azules.


viernes, 30 de mayo de 2008

Elogio de Pompidou

No queremos dejar pasar el mes de mayo sin sumarnos a la efeméride, al emocionado recuerdo del mayo francés del 68, esa avasalladora revolución que aún hoy sigue inflamando los corazones de los 'indesmayables' progresistas. Luego se supo que debajo de los adoquines no estaba la playa, sino el escaño europeo de Daniel Cohn-Bendit. Hoy se levantan monumentos a la barricada junto al escaparate de Cartier, con eso está dicho todo. Quizá para hacerse una idea de lo que fue aquello (lo cual sirve también para dar la razón a Norman Mailer cuando dijo que la persona más tonta que había conocido era Godard... y quizá también por añadidura el más tonto de los suizos pro-chinos) sea útil revisar La Chinoise, por cuyo metraje discurren una cantidad insólita de pijos jugando a guardias rojos y niñas monas haciendo mohínes cargantes. ¡Y esos eran los que iban a hacer la revolución!

Se dice que Samuel Beckett, durante los acontecimientos de mayo, se topó con Fernando Arrabal, que estaba construyendo una barricada en el Barrio Latino. «¿Qué hace usted ahí, señor Arrabal?» preguntó Beckett. «Estoy haciendo la revolución, señor Beckett. Echándole un poco de imaginación para intentar cambiar el mundo». Beckett sonrió y dijo «Pero qué dice usted, hombre de Dios. Dentro de cinco años todos estos jóvenes que le rodean se habrán hecho notarios». Y pretendían que los obreros acompañaran en la aventura a aquellas criaturas.

Sólo un idiota como Sarkozy ha podido conferir cierto prestigio a ese prolongado disturbio afirmando que ahí está el origen de todos los males, que él estaba de parte de la moral y que iba a enterrar el 68, denostando aquello de lo que proviene su actualidad, la revuelta que hizo posible el mundo de hoy y la sociedad que se hace representar por él. Un converso como André Glucksmann se lo ha dicho bien clarito a Nicolás: «Lo mejor y que no debes olvidar fue la emergencia de un espíritu anti totalitario, la contestación del comunismo y los crápulas stalinistas, el comienzo del fin del Partido. A mi modo de ver, el mejor heredero político de la franqueza brutal de Mayo 68 eres tú, Nicolas Sarkozy». Ya lo creo que sí.

Esa franqueza brutal ya se había apoderado de la voz de la gauche divine mucho antes. Michel Chemin, un periodista de Libération implicado en los acontecimientos de mayo llegó a decir que había que «preguntarse si la clase obrera existe de verdad. Ya en aquella época tenía mis dudas, aunque hacía como si me lo creyera. ¡Pero es una estafa suponer que una clase ostenta un poder casi mágico, capaz de transformar la sociedad». ¡Ojo!, palabras dignas de un neo-con. Serge July, director de Libération hasta 2006, y ex–maoísta de Gauche Prolétarienne, celebra la desaparición de los arcaísmos de la izquierda: «El izquierdismo francés jugó un papel formidablemente positivo. Permitió llegar hasta el final, acabar con todas las ideologías de vanguardia». Tela marinera.

Y es que el 68 eliminó las últimas barreras culturales para hacer el capitalismo socialmente deseable, haciendo que funcionara mejor. En los 70 se abandonó la jerarquización fordista del trabajo, sustituida por una organización horizontal en red que primaba la iniciativa del trabajador y su autonomía, inspirándose en el discurso izquierdista de la autogestión obrera, que paso a convertirse en un leitmotiv capitalista. El feo socialismo seguía encastillado en la burocracia y la jerarquía administrativa, aspectos conservadores frente al revolucionario capitalismo digital, tan atractivo. La denuncia artística del situacionismo, con su crítica de la vida dedicada a la fábrica y la alienación cotidiana, facilitó la flexibilidad laboral y la temporalidad de los contratos, más ese desenfado poetizado por la publicidad. Todo ello ha sido muy bien analizado por Luc Boltanski y Eve Chiapello en El nuevo espíritu del capitalismo. Además, la retórica de la liberación sexual está presente y forma parte del entramado ideológico de las sociedades de consumo. Lo que se materializó, por tanto, es un nuevo espíritu del capitalismo, desde entonces menos contestado por su permisividad de costumbres. Fue ahí donde empezó el viraje hacia el liberalismo, sustituyendo una dominación por otra. El obrerismo histórico fue erosionado por la izquierda y la clase trabajadora, acusada de aburguesamiento y vista, desde Marcuse, como sostenedora del orden capitalista merced a su supuesta integración, fue abandonada definitivamente a su suerte. Puesto que no es el estatus social lo que estructura las diferencias sino la biología (ser joven, mujer o inmigrante, como en la mejor tradición del izquierdismo americano) la clase obrera desde entonces no ha hecho otra cosa que arrojarse en brazos del lepenismo. Normal. La exaltación de la juventud, una categoría invisible hasta entonces en el panorama social (y en consecuencia celebrada hoy hasta la extenuación por la publicidad), del individualismo, la liberación de las costumbres que ha hecho aceptable la dominación económica en las democracias burguesas... se lo debemos a mayo de 68. No tiene sentido, hoy, el tono elegíaco empleado por la izquierda para recordar aquellos días.

Hoy, cuando sesudos analistas se afanan en destripar aquellos acontecimientos desde el ofuscamiento, la trivialidad o la autobiografía, veo que tiende a pasar desapercibida la figura de Pompidou, el único revolucionario del 68, a la sazón Primer Ministro de Francia, y voy a explicar por qué.

Mi primera toma de contacto con el personaje se produjo hace años durante el visionado de Grands soirs et petit matins, el documental de William Klein que narraba los acontecimientos de mayo. En un momento del tedioso metraje aparecía Pompidou, en una intervención televisada, con una cara de terrible aburrimiento que contrastaba con el alboroto sobreexcitado mostrado hasta ese momento. Pompidou hablaba de una manifestación estudiantil, sin que acertara a recordar con claridad quién la había convocado. Pero es que a continuación anunciaba la dimisión del ministro de Educación, renuncia que había aceptado al regresar de Afganistán. Pompidou no se aclaraba si quien había regresado de Afganistán era el ministro o él mismo. Todo esto en medio del presunto hundimiento del capitalismo. Alucinante.

Contaba José Luis de Vilallonga en sus Memorias que durante las revueltas de mayo sostuvo una entrevista con Pompidou, aquel viejo maestro de escuela amante de la literatura y el arte moderno metido a política y un humanista que puso de moda la cultura, algo en lo que todos le imitan. De Gaulle había escapado a Alemania para reunirse con el general Massu solicitándole que entrara en Francia al frente de sus tropas para consolidar su poder. Mientras el nerviosismo en huida de De Gaulle hablaba de la “empresa totalitaria comunista”, preso de arcaísmos políticos y de un lenguaje superado por la historia, y declaraba que todo era una maniobra de Moscú, Pompidou se divertía viéndolo como un asustado Luis XVI. Así hablaba a Vilallonga en medio de la refriega estudiantil: «Si ganan ellos el mundo de mañana podría ser muy diferente. Pero no ganarán.» Interrogado por las causas que le llevaban a decir tal cosa, añadía: «Porque el mundo del trabajo no les seguirá. “A los jóvenes”, me dicen constantemente los sindicalistas con los que trato de poner fin a todo esto, “no hay que tomárselos nunca en serio”. Yo no estoy muy de acuerdo con esta premisa, pero los obreros no bajarán nunca a la calle para aliarse con unos chicos que por la mañana queman los coches de sus propios padres y que a la hora de almorzar vuelven a casa para sentarse a la mesa familiar. El mundo obrero no entiende de frivolidades y nunca dará su apoyo a unos muchachos que no saben lo que significa vivir de un salario. Además, ¿qué es lo que piden esos universitarios desde lo alto de sus barricadas? Piden algo que nadie les puede dar. Piden que la vida deje de ser tan aburrida.» Y sigue: «Es una suerte que De Gaulle haya huido a Alemania porque de haberse quedado en París habría sacado los tanques a la calle y esta algarada de visionarios podría haber acabado en una revolución de verdad, con sangre y muertes». Vilallonga concluye su relato de la entrevista e interroga a Pompidou sobre cuándo acabará todo esto: «En cuanto se cabreen de verdad las amas de casa», dijo como si fuera obvio. Qué grande.

Todavía no se ha superado este análisis. Pompidou fue mucho más lejos que nadie entonces: cuestionó a De Gaulle, disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones, algo que se consideró suicida pero que conllevó una derrota histórica de la izquierda. De Gaulle lo sustituiría como Primer Ministro por haberle cuestionado, pero un año después se vería obligado a dimitir y Pompidou sería elegido presidente de la República, liquidando lo poco que quedaba en pie del gaullismo. Con él comenzaría la modernización económica y la ruptura con el clasicismo de Hausmann representada por la construcción la Torre Montparnasse: el estilo pompidoliano, esa manera de incorporar adefesios modernos en una fisonomía urbana clasicista tan replicada por la arquitectura moderna. Y a él se debe la construcción del Centro Georges Pompidou, donde se han llegado a proyectar los aullidos cinematográficos de Debord. De la clase obrera nunca más se supo.

Pompidou no se puso nunca nervioso, y su visión tuvo más alcance que ninguna. Nadie fue más lejos. Fue un humanista pragmático, pero quizá el primer teórico a la inversa de la izquierda. De la de verdad, claro.
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