Mostrando entradas con la etiqueta sardanas sexys. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sardanas sexys. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de julio de 2008

Cuando Pla encontró a Millana

En uno de estos días de últimamente, donde paso el 80% de mi tiempo tumbada a la bartola, ya sea en casa o en la playa, posponiendo planes y obligaciones, urdiendo posibles y aplazándolos, cómoda y al mismo tiempo incómoda en mi diletancia, con la mala conciencia de no haber hecho los deberes y la pereza paralizadora que me impide poner fin al loop, voy y leo esto:

Días estériles, perdidos, irremediablemente perdidos, pasados en medio de una nebulosidad y una divagación sin fin, la dificultad de concentrarme en algo me da fiebre. Si toda la vida es como esto que se llama juventud, es una triste vida.

Clarividente, es Josep Pla, su cuaderno gris, una delicia. Os lo recomiendo y os pido que os libréis del prejuicio superlefty de "Josep Pla: Conservador Catalan Cascarrabias", de esa rectitud moral que os impide leer a escritores que creéis que no comulgan con vuestras ideas, y de esa necia necesidad que tienen los puros de intentar identificarse con lo que leen, con quien lo escribe y comparar afinidades. Con esas cribas la lleváis clara, os perderéis mucho, no se le puede pedir el carné del partido a todo el mundo, camaradas.

Para crear debate, un botón de muestra más, escrito en 1918 por un Pla de 21 años:

Insomnio. Pienso en la tendencia de la gente de aquí, sobre todo de la gente más inteligente, a la limitación, a no querer ser nada, a huir de cualquier responsabilidad. De joven, todo el mundo, más o menos, tiene una llamarada de vanidad, que generalmente no dura. Si en algunas, escasísimas personas, dura, está considerado como un síntoma de estupidez considerable. La gente de aquí quiere: a) vivir bien; b) vivir bien en su casa o haciendo una vida absolutamente privada; c) interpretar las cosas con el pie forzado de los intereses personales exclusivos, d) no ser importunada por cosas ajenas a la propia voluntad. Este fondo de individualismo me gusta. Tiene un gran defecto, claro: la imposibilidad que la gente tiene de relacionarse hace que, prácticamente, sea imposible la vida social. Lo que se encuentra mas a faltar, en el país, es la conversación, la higiénica volubilidad de la relación social. Puesto a elegir, sin embargo, entre la conversación y la libertad -la libertad solitaria- me quedaría, siempre, con la libertad.

¿Y ustedes con qué se quedarían?

Bookmark and Share