jueves, 28 de febrero de 2008

El bello anarquista cantarín

Hola soy Millana y soy impúdica, les voy a contar una historia de amor que viví hace unas horas, corta, unilateral y con un desenlace trágico, como deben ser estas cosas.
El se llama Jonathan, tiene padre norteamericano y madre española, vive en San Francisco aunque vuelve a casa todas las navidades, es bailarín, estudió danza en NY, es anarcosindicalista, tiene myspace y una enorme cuenta en youtube.
Brutalmente me enamore al ver este tubo, si llegais al final del vídeo, al minuto y siete segundos, seguro comprenderéis la razón:



Como veis, cumple con todos los requisitos para epatarme, es bello, vive en San Francisco, tiene un ligero y encantador poso freak y además es comprometido. ¡Y también canta en yiddish una anarchist song para mi total arrobo!:



Pero el fin llegó rápido, irracional y huracanado, demoliendolo todo:

viernes, 22 de febrero de 2008

El bollo teen y el chico-chica

Hola soy Millana y tengo una hermana de 12 años, esto me ha facilitado conocer a los ídolos de las niñas de hoy, y de ahí a escribir sobre el lesbianismo latente e irresuelto de las adolescentes sólo hay un paso.
Bien, al lío. ¿Son las muchachas un poco bolleras y no lo saben?


Este ser se llama Bill Kaulitz, de Tokio Hotel, y lleva a la locura a millones de niñas, a la pura histeria, a mearse encima, a escribir llorando arrobados poemas firmados con sangre, publicar blogs y grabarse el nombre en el antebrazo con un bic, las lleva a todo eso que ustedes recordarán haber hecho alguna vez y jamás reconocerán porque es patético y nos apena pensar en ello. Pero estas niñas de hoy lo padecen y merecen un respeto y también una reflexión:
¿Es o no es lesbiano amar, desear y adorar a seres como Bill Kaulitz?



Pero esta idiolatría lúbrica que tienen las muchachas por los mozos que parecen chicas viene de largo, ahí están los Leif Garrett rubitos de los setenta y otros angelotes glam, también los Caballeros del Zodiaco que nos enamoraban, Nick Carter de Bakstreet Boys era una princesita núbil y nos mojaba, el DiCaprio de los principios bien nena que era y también ponía. Y el Johnny Deep joven y afeitado siempre fue hembra, no me digas que no, y acuérdate del mediano y del pequeño de los Hanson, eran total transgender. Me entero también de que hay niñas enamoradísimas de Cloud el personaje infográfico de Final Fantasy que yo no sé ya qué decir.
Bueno, sí, yo le diría algo a esa adolescente de hoy:
nena, antes de que tus tetas pendulen laciamente, antes de hacerlo tarde, mal y a la desesperada con esa compañera de trabajo machuna y oblonga que te consolará en tu divorcio, antes de que tu cuerpo gatuno desemboque en un botijo de mujer estreñida española, ¡hazlo! ¡Haz el frotifroti con tu amiga Dessi! ¡Bésala, frótala, e irsus después a Berskha tan felices! ¡Sal de dudas, consúmalo y sé una hetero de verdad!

De pequeña comía ardillas

Toda corte decadente tiene en nómina un elenco de freaks entretenedor. Su status es elevado (ya los enanos velazqueños tenían preeminencia social sobre el pintor en la corte de Felipe IV), y los iconos de Babilonia son cada día más vomitivos. Cualquiera puede lanzar su pedrada a la belleza. La réplica americana a la magra Amy Winehouse y su harakiri épico viene de la tortillería estadounidense y se llama Beth Ditto. Gorda, lesbiana y feminista, anuncia. La lepra que es el periodismo musical nos la ha vendido como “cool”. Y de la música ni hablemos, ninguna mediocridad es invendible sin escándalo y The Gossip, el grupete de la gordi, una bazofia.

Odia a las huesudas, esa ralea de ganadoras que arrasa en los campus universitarios. Este pedazo de white trash arrogante nació en una caravana en Arkansas, rodeada de familias de negrazos. Es pueblo, y a este lo caracteriza el feísmo. Atrás quedó el falsete de Jimmy Somerville. Hoy Buckingham baila al ritmo de Scissor Sisters.

Tiene el morro de considerarse portavoz de una minoría, cuando en los USA el 60% de la población es obesa. Con acierto comercial ha ido a parar a la indulgente barricada que es el punk, donde cualquier cagada es legítima. Acostumbra a despelotarse en el escenario, exhibiendo sus carnes. Todo un show de degradación que hubiera hecho las delicias de Tod Browning.

En realidad Beth Ditto forma parte del paisaje de la sexualidad masculina. Es este un mensaje de trasgresión tranquilizador para el establishment, legitimando cada presunta minoría, borrando identidades de clase y sumiendo al personal en el totum revolutuum liberal donde “todo se vale”, anulando toda proclama revolucionaria. También aquí tenemos sitio para ti. La obsesión antiabortista americana encomia las venus paleolíticas, amuletos siempre de fertilidad. Y mandemos a los hijos a la guerra.

Aquí preferimos la seriedad sáfica de Valerie Solanas, tan pelma. O Divine, antídoto contra Asociaciones de Padres, con su sentido de la urbanidad en la vía pública.